Las palabras por bandera


¡Hasta hemos salido en los periódicos!



En este blog, nos gustan las palabras, y mucho. Tanto, que hasta las llevamos por bandera.


  1. Explica qué significa la expresión por bandera (no hace falta que te diga que debes usar el diccionario, ¿verdad?).
  2. Busca otras dos expresiones hechas a partir de la palabra bandera, explica su significado y escribe una oración empleándolas.
  3. Ordena alfabéticamente las palabras que figuran en la bandera.
  4. Elige tres palabras de la bandera que te gusten y explica por qué.
  5. Di tres palabras que añadirías y explica por qué lo harías.
  6. ¿Te atreves a hacer tu propia bandera de palabras? No es complicado. Solo tienes que elegir unas cuantas palabras que te gusten (ya tienes tres) y emplear alguna aplicación de internet. Nosotros hemos usado nubedepalabras.es.
Si quieres saber alguna de las razones por las que nos gustan tanto las palabras, no dejes de leer el cuento que figura en este enlace al blog Tocar el cielo.

    • Busca en internet algún texto que trate sobre el valor de las palabras:
      A) Lógicamente, no puedes emplear ni el del enlace ni el que figura un poco más abajo.
      B) Cópialo en un documento de Word.
      C) Incluye el autor, el título y el enlace a la página donde lo has conseguido.
      D) Resúmelo.
      E) Escribe un texto de entre cinco y diez líneas explicando por qué te ha gustado.
      F) Sé muy creativo y dale al trabajo una apariencia lo más visual y atractiva que puedas.
    Hay muchas cosas que se pueden tener o llevar por bandera. En esta canción de Alejandro Sanz, conocerás unas cuantas.


    • Escribe un texto entre cinco y diez líneas en el que expliques qué tienes tú por bandera o qué crees que deberías tener por bandera.
    Quien también tuvo las palabras por bandera fue el poeta chileno Pablo Neruda. Te propongo que leas atentamente el texto «Las palabras», de Confieso que he vivido. Si quieres, puedes escucharlo al mismo tiempo en este vídeo de Escritores y poetas del mundo.


    Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces. son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada... Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos... Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas... Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra... Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando... Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras.
    Pablo Neruda. Tomado de educadavinci.org
    Para analizar el texto, vas a realizar las siguientes actividades, muchas de ellas preparadas por la profesora Rosa Aradra Olmedo, a quien expreso desde aquí mi gratitud.
    1. Escribe una pequeña biografía de Pablo Neruda.
    2. Copia del diccionario el significado de las siguientes palabras y escribe una oración empleándolas correctamente: prosternarse, platinado, ebúrnea, ágata, emperejilar, estalactita, bruñida, transmigrar, torvo, idolatría, yelmo.
    3. Indica qué afirmaciones son verdaderas y cuáles, falsas. El autor habla de las palabras con la intención de...
      A) Enseñar cómo se buscan las palabras para escribir un poema.
      B) Mostrar sus conocimientos sobre historia de la lengua.
      C) Reflejar la relación del autor con las palabras como ingrediente esencial de la poesía.
      D) Transmitir de forma bella su amor por la lengua española.
    4. ¿Qué dos sentimientos fundamentales despiertan en el autor las palabras?
    5. ¿Cuál de estos crees que es el tema del texto?
      A) La vida de las palabras.
      B) Las similitudes de las palabras con los alimentos y la naturaleza en general.
      C) La riqueza expresiva y evocadora de las palabras.
      D) El legado idiomático de los conquistadores españoles.
    6. Según su finalidad, se trata de un texto...
      A) 
      Argumentativo, porque intenta convencernos de la importancia de las palabras.
      B) Narrativo, porque nos cuenta la vida de las palabras a través del tiempo.
      C)  Histórico, porque habla de un momento de la historia de América, la colonización.
      D) Literario, porque expone con intención estética la visión del autor sobre las palabras.
    7. No obstante, el texto contiene un fragmento narrativo.
      A) ¿Desde dónde hasta dónde va?
      B) ¿Por qué es narrativo?
      C) ¿Qué tiempos verbales predominan en este fragmento? Pon, al menos, cinco ejemplos.
      D) Y en el resto del texto? Pon también, por lo menos, cinco ejemplos.
    8. ¿Qué crees que significa que limpia y pela las palabras?
    9. ¿A qué se refiere cuando afirma que las palabras tienen «de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río»?
    10. ¿Qué actitudes se destacan de los conquistadores?
    11. ¿En qué oración del texto se sintetiza esta idea?
    12. ¿Qué significa la oración «Se llevaron el oro y nos dejaron el oro»?
    13. El texto resulta sumamente sensual, como consecuencia de querer expresar que en las palabras está todo, que las palabras lo evocan todo. Escribe palabras o expresiones del texto que estén relacionadas con los distintos sentidos.
      A) Vista
      B) Oído:
      C) Olfato:
      D) Gusto:
      E) Tacto:
    14. Una forma de darle ritmo al texto es a través de abundantes enumeraciones (listas). Copia, por lo menos, cinco ejemplos y di en cuáles de ellas hay, además, paralelismo (repetición de la misma construcción sintáctica).
    15. En el texto, son muy frecuentes los símiles (comparaciones). Copia todos los que veas, di cuál es el término real, el imaginario y el nexo comparativo.
    16. Fíjate en todos los símiles que has localizado en la actividad anterior y di para qué sirven.
    17. Localiza metáforas referidas a las palabras. ¿Son puras o impuras? ¿Por qué?
    18. También son frecuentes las antítesis (contraponer dos palabras o dos ideas contrarias). Se utilizan con diferentes finalidades. Busca las antítesis del texto y clasifícalas.
      A) Antítesis que expresan características de las palabras en relación con la creación de un poema:
      B) Antítesis que expresan que las palabras pueden ser de reciente creación o muy antiguas:
      C) Antítesis que expresan la importancia de las palabras y del idioma:
    19. La brutalidad de los conquistadores se expresa a través de hipérboles (exageraciones). Localiza las del texto y cópialas.
    20. En el texto, se afirma que «Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio». Inventa algún ejemplo que demuestre esta idea.
    21. Prepara la lectura en voz alta del texto. Puedes usar como referencia el vídeo de Escritores y poetas del mundo, pero no te limites a imitar esa lectura. Busca tu propia forma de expresarte.
    Disfruta de este blog
    y
    que tengas un buen curso.


    El novela española de 1939 a 1974


      1. NOVELA EXISTENCIAL  

    Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquellos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.
    Nací hace ya muchos años ‒lo menos cincuenta y cinco‒ en un pueblo perdido por la provincia de Badajoz; el pueblo estaba a unas dos leguas de Almendralejo, agachado sobre una carretera lisa y larga como un día sin pan, lisa y larga como los días ‒de una lisura y una largura como usted para su bien, no puede ni figurarse‒ de un condenado a muerte.
    Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte

      2. REALISMO SOCIAL  

    ‒Es tontería; si no lo vais a convencer...
    ‒¡Eres tú muy bonito! No tienes ni vergüenza. ¿Pero por qué regla de tres vas a ser tú distinto de los demás? ¿Quién te has creído aquí que eres?
    Venga, Fernando; déjalo ya le decía Miguel; más vale que lo dejes. ¿Qué vas a hacer? Tampoco vamos a subirlo a rastras. Subo yo mismo en su lugar y asunto terminado. Vamos tú y yo. Y su tartera la dejamos arriba, ya que pone el pretexto de que no tiene hambre; ya está.
    ¡Pero es que no hay derecho, Miguel! ¡Le ha tocado una cruz!, ¿por qué no sube? ¿Cómo lo vamos a dejar que se salga con la suya y nada más que porque sí? ¡Va a ser aquí el niño bonito!
    ¿Y yo qué quieres que le haga? No lo vas a llevar a la fuerza.
    Pues si Daniel no sube, yo tampoco. Ya está. Que suba Rita.
    ¡Cómo sois; hay que fastidiarse! dijo Paulina. ¡La hora que es ya!
    Yo, allá penas. Yo me he librado en el sorteo. Que se respete.
    Pues yo que Fernando, tampoco iba dijo Mely. Tonto sería si fuese.
    ¡El egoísmo de Daniel!
    Carece de compañerismo le reforzaba Alicia. Y haces el primo, tú, si vas.
    Y tú te callas.
    ¿Por qué voy a callarme? Tras que saco la cara por ti. Y además no me hablas tú de esa manera.
    Bueno cortó Miguel. Yo me voy para arriba. Si hay algún voluntario, que se venga. Si no, me subo solo.
    Tito se levantó.
    Yo voy contigo, aguarda.
    Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama

      3. NOVELA EXPERIMENTAL  

      I  
    ¡Allí estaban las chabolas! Sobre un pequeño montículo en que concluía la carretera derruida, Amador se había alzado como muchos siglos antes Moisés sobre un monte más alto y señalaba con ademán solemne y con el estallido de la sonrisa de sus belfos gloriosos el vallizuelo escondido entre dos montañas altivas, una de escombrera y cascote, de ya vieja y expoliada basura ciudadana la otra (de la que la busca de los indígenas colindantes había extraído toda sustancia aprovechable, valiosa, o nutritiva), en el que florecían, pegados los unos a los otros, los soberbios alcázares de la miseria. La limitada llanura aparecía completamente ocupada por aquellas oníricas construcciones confeccionadas con maderas de embalaje de naranjas y latas de leche condensada, con láminas metálicas provenientes de envases de petróleo o de alquitrán, con onduladas uralitas recortadas irregularmente, con alguna que otra teja dispareja, con palos torcidos llegados de bosques muy lejanos, con trozos de manta que utilizó en su día el ejército de ocupación, con ciertas piedras graníticas redondeadas en refuerzo de cimientos que un glaciar cuaternario aportó a las morrenas gastadas de la estepa, con ladrillos de «gafa» uno a uno robados en la obra y traídos en el bolsillo de la gabardina, con adobes en que la frágil paja hace al barro lo que las barras de hierro al cemento hidráulico, con trozos redondeados de vasijas rotas en litúrgicas tabernas arruinadas, con redondeles de mimbre que antes fueron sombreros, con cabeceras de cama estilo imperio de las que se han desprendido ya en el Rastro los latones, con fragmentos de la barrera de una plaza de toros pintados todavía de color de herrumbre o sangre, con latas amarillas escritas en negro del queso de la ayuda americana, con piel humana y con sudor y lágrimas humanas congeladas.
    Que de las ventanas de esas inverosímiles mansiones pendieran colgaduras, que de los techos oscilantes al soplo de los vientos colgaran lámparas de cristal de Bohemia, que en los patizuelos cuerdas pesadamente combadas mostraran las ricas ropas de una abundante colada, que tras la puerta de manta militar se agazaparan (nítidos, ebúrneos) los refrigeradores y que gruesas alfombras de nudo apagaran el sonido de los pasos eran fenómenos que no podían sorprender a Pedro, ya que este no era ignorante de los contrastes de la naturaleza humana y del modo loco como gentes que debieran poner más cuidado en la administración de sus precarios medios económicos dilapidaban tontamente sus posibilidades. Era muy lógico, pues, encontrar en los cuartos de baño piaras de cerdos chilladores alimentados con manjares de tercera mano, presuntuosamente cubierta con cofia de doncella de buena casa a la hija de familia que allí permaneciera por ser inútil incluso para prostituta, cubierta con una bata roja de raso y calzada con babuchas orientales de alto precio a la gruesa dueña que luce en sus manos regordetas y blancas una alianza matrimonial que carece de todo significado, en vez de ocupar sus horas en útiles labores de aguja algunas de las vecinas de aquel barrio sentadas sobre latas vacíasjugando viciosamente a la brisca con la misma buena conciencia con que honrados trabajadores puedan hacerlo un domingo por la tarde en la taberna, álbumes con colecciones de cromos neslé en las manos castigadas por la escrófula de rapaces a su edad ya malolientes, insensibles a toda conveniencia moral matrimonios en edad de activa vida sexual compartiendo el mismo ancho camastro con hijos ya crecidos a los que nada puede quedar oculto, abundancia de imágenes de santos escuchando sin alteración de la tornasolada sonrisa la letanía grandilocuente y magnífica de las blasfemias varoniles, una sopera firmada de Limoges henchida como orinal bajo una cama.
    ¡Pero, qué hermoso a despecho de estos contrastes fácilmente corregibles el conjunto de este polígono habitable! ¡De qué maravilloso modo allí quedaba patente la capacidad para la improvisación y la original fuerza constructiva del hombre ibero! ¡Cómo los valores espirituales que otros pueblos nos envidian eran palpablemente demostrados en la manera como de la nada y del detritus toda una armoniosa ciudad había surgido a impulsos de su soplo vivificador!
    Luis Martín Santos, Tiempo de silencio

      II  
    Estar tranquilo. Sentirse tranquilo. Llegar a encontrar refugio en la soledad, en la protección de las paredes. En la misma inmovilidad. No se está mal. No se está tan mal. Para qué pensar. No hay más que estar quieto. No pensar en nada. Llegar a hacer como si fuera un deseo propio estar quieto. [...] Aquí mientras estoy quieto, no me pasa nada. No puedo hacer nada por mí mismo. Tranquilidad. No puedo hacer nada; luego no puedo equivocarme. No puedo tomar ninguna resolución errónea. No puedo hacer nada mal. No puedo equivocarme. No puedo perjudicarme. Estar tranquilo en el fondo. No puede ya pasar nada. Lo que va a pasar yo no lo puedo provocar. Aquí estoy hasta que me echen y yo no puedo hacer nada por salir.
    ¿Por qué fui?
    No pensar. No hay por qué pensar en lo que está hecho. Es inútil intentar recorrer otra vez los errores que uno ha cometido. Todos los hombres cometen errores. Todos los hombres se equivocan. Todos los hombres buscan su perdición por un camino complicado o sencillo.
    Luis Martín Santos, Tiempo de silencio

      III  
    Comienzo de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes

      IV  
    Que es precisamente lo que siempre he sostenido, cariño, que tus ideas sobre la caridad son como para recogerlas en un libro, y no te enfades, que todavía me acuerdo de tu conferencia, ¡vaya un trago!, hijo mío, que te pones a mirar, y no hay quién te entienda, que te metías conmigo cada vez que iba a los suburbios a repartir naranjas y chocolate como si a los críos de los suburbios les sobrasen, válgame Dios, y no digamos la tarde que se me ocurrió ir con Valen al Ropero. ¿Puede saberse qué es lo que te pasa? Siempre hubo pobres y ricos, Mario, y obligación de los que, a Dios gracias, tenemos suficiente, es socorrer a los que no lo tienen, pero tú en seguida a enmendar la plana, que encuentras defectos hasta en el Evangelio, hijo, que a saber si tus teorías son tuyas o del Perret ese de mis pecados, o de don Nicolás, o de cualquiera otro de la cuadrilla que son todos a cual más retorcido, no me vengas ahora.
    Miguel Delibes, Cinco horas con Mario

      V  
    género homínido este, que ronda y huronea cerca de ti: con bigotillo alfonsino, gabardina, gafas: quijada borbónica, manos regordetas: con toda la pinta de pertenecer a esa brava tribu de corresponsales noticiosos que, en lugar de escribir lo que ven, repiten dócilmente lo que oyen: de aspecto vagamente familiar, remotas experiencias de cruzado, insondables convicciones dinásticas: personaje de novela de don Torcuato Luna de Tena: indeciso aún, pero deseando salir de dudas: buscando activamente tu mirada y, al no conseguir dar con ella, instalándose en la mesa contigua con la castiza jeta amenazadoramente vuelta hacia ti: tu vecino ha olvidado el diario y fingirás abstraerte en la lectura: 21,30: semifinales del concurso interescolar: 22,25: españoles ilustres de ayer y de hoy: Lucio Anneo Séneca: 23,15: reportaje especial sobre la ratificación de la Ley Orgánica de: volviéndole ostensiblemente la espalda cuando él ordena: lo mismo que el señor: con bizarra, contreresca voz, vestigio de naufragados sueños imperiales: TORRIJAS: 250 g. de bizcochos, 200 g. de azúcar en polvo, 6 yemas de huevo, una cucharada pequeña de leche en polvo, una rodaja de naranja, 1/2 litro de leche, un puñado de avellanas: sintiendo el cosquilleo de su mirada en las orejas, el cogote, la espalda, pero pasando la página con sonora determinación: les gusta respirar a pulmón lleno el aire puro, saludable de los bosques? les gusta detenerse a la orilla del silencioso arroyuelo que corre hacia las vastas llanuras y escuchar el zumbido de las abejas? les gusta echarse sobre el blanco césped y sonreírse del rayo acariciante del sol? les gusta soñar debajo de los arbustos y oír el trino del ruiseñor y el canto de la alondra? les gusta contemplar detenidamente el fondo cristalino de los lagos montañeses? les gusta mecer su espíritu con el ritmo gracioso del riachuelo parlanchín? les gusta escalar los altos picachos y allí, en la cima de las rocas que se yerguen entre nubes, explayar en una canción alegre la felicidad de su alma: GUADARRAMA: INVERSIÓN SEGURA: GRANDES FACILIDADES DE PAGO: inútil, inútil: el homo hispanicus no se da por vencido y carraspea y mira y mira y carraspea y orienta hacia ti la silla con la facilitada impunidad de tu fingida distracción: preparando mentalmente su discurso: disponiéndose a hablar: hablando ya
    perdone
    chimenea de hogar bajo en salón, cocina totalmente instalada con muebles de formica y muebles de unión con salón-comedor, carpintería de madera en cercos de puertas y ventanas, pavimento de parquet de eucalipto, calefacción por calor negro, cuarto de baño con ducha, inodoro Roca, bidé con surtidor central
    perdone
    BARATO: UN VERDADERO SUEÑO
    creo que nos conocemos
    ROLEX OYSTER DAY-DATE: 116,5 gramos con pulsera de 18 quilates: automático, antimagnético y blindado lo vi una vez en París andaba usted acompañando a su señora supongo
    no
    una mujer morena en el barrio latino o en Saint-Germain
    se confunde usted
    buceando en su memoria, cerca, muy cerca de la diana: con sonrisa de galán de cine español de los años cuarenta: estólido y tenaz
    preparaba usted un documental
    le repito que se confunde
    no es usted reportero?
    perdóneme
    te incorporas, pasas junto a él, le obligas a descruzar las piernas, pagas la consumición al camarero, atraviesas la sala: reportero sí: y sin arte alguno: durante años y años: de compatriotas condenados a vender su fuerza de trabajo como mísera, despreciada mercancía: cargando sobre los hombros el peso de la brutal acumulación: artífices subterráneos del suburbial desarrollo: o de burgueses con antonionescas neurosis de nuevo libre y nuevo rico y, en el fondo de sí mismos, orondos, contentos, impermeables: todas las moscas de Tánger no bastarían a emborronarlos y a ti con ellos, su cronista, su relator, su fotógrafo: ofuscado aún mientras empujas la puertecilla y penetras en el corredor tenebroso, clareado apenas por un sobrio, desganado tragaluz: a unos metros de la negrísima gruta destinada a aliviar comunes, elementales necesidades: de oro, no: pre-revolucionaria: prácticamente invisible, aunque anunciada por la dudosa humedad que escurre a lo largo del pasillo y desconcha las sucias paredes ornadas de inscripciones:
    Juan Goytisolo, Reivindicación del Conde don Julián

      VI  
    José María Guelbenzu, El mercurio

      VII  
    José María Guelbenzu, El mercurio


    En este vídeo, puedes encontrar el comienzo de la versión teatral de Cinco horas con Mario. En él, Carmen Sotillo (interpretada por Lola Herrera) explica cómo ha encontrado muerto a Mario, su marido, que ha fallecido de un infarto repentino.

    Teaser de Cinco horas con Mario, interpretada por Lola Herrera para Pentación Espectáculos

    En este otro, se muestra la mentalidad conservadora de Carmen (encarnada aquí por Natalia Millán) y los celos que ha sentido siempre de su cuñada Encarna, que hacen que se sucedan los reproches hacia su marido a lo largo de todo el monólogo:


    Semántica

     

    El teatro anterior a 1939


      1. TEATRO POÉTICO  

    Valgan, como botón de muestra de este tipo de teatro, tres finales de otras tantas obras de Francisco Villaespesa, donde la búsqueda del efectismo, con la muerte por medio, el verso fácil y el heroísmo exaltado, buscan hacer vibrar al espectador con una emoción casi infantil:
      I  
    SOBEYA.‒ (Tendiendo los brazos al cielo,
    como quien cumplió un voto).
    ¡Granada, mi palabra está cumplida!
    ¡Azhuna, ya he salvado tu memoria!...
    (Volviéndose a los soldados, en un gesto
    orgulloso de desafío, mostrándoles el pecho).

    ¿Qué me importa morir?... La muerte es vida
    cuando es por el Amor y por la Gloria.
    (Los soldados, gritando, la acometen.)
                                                    (El alcázar de las perlas)

      II  

    JUDITH.‒ (Tendiendo los brazos al cielo).
        ¡Señor,
        tus santos mandatos mi mano ha cumplido!
        ¡Por salvar mi pueblo, dio muerte a mi amor!
        (Cae desvanecida en brazos de Hegla).
                                                                                        (Judith)
      III  
    GUDULA.‒ (Tapándose el rostro horrorizada).
        ¡Cielos!
    SEGISMUNDO.‒ (Cayendo de rodillas).
        ¡Perdón, señor, perdón!
    GALAOR.‒ (Agonizando).
        ¡Por salvar a mi hija has matado a mi hijo!
        (Se tambalea y cae muerto en brazos de Gudula;
        mientras desciende el telón, se oyen los sollozos
        desgarradores de Gudula abrazando el cuerpo de Galaor).
                                                                                                       (El rey Galaor)

      2. TEATRO CÓMICO  

    2.1. COMEDIA DE COSTUMBRES Y SAINETE
      I  
    SEÑÁ JUSTA. ¿Y usté ya no pide en San Ginés, señá Librada?
    SEÑÁ LIBRADA. No, señora; tuve unas palabras con el sacris, y no he güelto. Iba mucha gentuza. Ahora me he conchabao con la Pelitos y nos hemos hecho vergonzantas.
    SEÑÁ JUSTA. ¿Y las va a ustés bien?
    SEÑÁ LIBRADA. Pos, hija, pa como están las cosas, se va tirandillo. Sino que es mucho aperreo. Porque, un supongamos, viene la vesita de San Vicente a mi casa; pos ya me tie usté pasando to el mobiliario a ca la Pelitos. Me quedo con un jergón, el baúl viejo, media vela en una botella y una silla inválida; acostamos a Casimiro, el chico de la Onofra, que es una especialidad en toses y quejidos, y presentamos un cuadro que es pa caérsele el corazón a una pantera. Que, otro suponer, va la vesita domiciliaria a ca la Pelitos: pos me pasa a mí tóos sus trastos, se echa en una manta el señor Cosme, que hace el moribundo que asusta de bien, y raro es el día que no nos dejan, a más del donativo semanal, tres u cuatro pesetas de su motu.
    Carlos Arniches, Los pobres
      II  
    VALENTÍN. (Tratando de calmarle). No te aglomeres, Ceferino.
    CEFERINO. (Muy nervioso). Si no me aglomero, señor...; pero es que tú tiés un modus vivendi de discutir, que si no avasallas no te conformas.
    VALENTÍN. Porque te las canto como puños.
    CEFERINO. ¿De dónde?
    VALENTÍN. Y náa más. Y un servidor lo que te argumenta con razones inrefutables es que en España la culpa de tóo el atraso en que vevimos las clases neutras la tién los toreros. Así, en rotundo.
    Carlos Arniches, Los culpables

    2.2. ASTRACÁN
      I  
    MENDO. Siempre fuisteis enigmático
        y epigramático y ático
        y gramático y simbólico,
        y aunque os escucho flemático,
        sabed que a mí lo hiperbólico,
        no me resulta simpático.
        Habladme claro, Marqués,
        que en esta cárcel sombría
        cualquier claridad de día
        consuelo y alivio es.
        Pedro Muñoz Seca, La venganza de don Mendo
      II  
    AZOFAIFA.
        ¿Debo perdonalla?
    NUÑO Y PERO.
    (Incorporándose como movidos por un resorte y diciendo lúgubremente, sin abrir los ojos). [Ten en cuenta que poco antes han muerto los dos].
        ¡¡No!!
    AZOFAIFA.
    (Clavando su puñal en el pecho de Magdalena).
        ¡Baldón de mujeres, muere!
    MAGDALENA.
        ¡Ay, mi madre; muerta soy!
    (Cae en brazos de don Alfonso, que cuidadosamente la deposita en el suelo. Doña Ramírez sofoca también un grito y cae en brazos de Alí-Faez, que también la deja en el suelo como sin vida).
    MONCADA.
    (A Azofaifa).
        ¡A segar tu cuello voy!
    AZOFAIFA.
        ¡Hiere, castellano, hiere!
    ALFONSO.
        ¡¡Mi Magdalena!!... ¡¡Qué horror!!
        ¡Muerta!... ¡Magdalena mía!
    MONCADA.
    (A don Alfonso).
        Oigo en esa galería
        de unas voces el rumor.
        ¡Ocultaos!
    ALFONSO.
        ¡Ay de mí!
        ¡Qué horrible trance, Marqués!
    MONCADA.
        Cierta mi sospecha es;
        el ruido viene hacia aquí...
        ¡Pronto!
    ALFONSO.
        Vamos.
    MONCADA.
        ¿Quién será?
    (Medio se ocultan en el momento en que entran doña Berenguela con don Mendo, seguidos de la Marquesa y la Duquesa).
    MENDO.
        Berenguelilla, tutéame,
        y si te place, osculéame
        en las dos mejillas.
    ALFONSO.
        ¡¡Ah!! ¡¡Miserable!!
    MENDO.
        ¡¡Cielos!!
    BERENGUELA.
    (Al tiempo que cae desmayada).
        ¡¡Oh!!
    MENDO.
    (Aparte).
        ¡El rey don Alfonso, sí!
    ALFONSO.
        ¡Mátalo, Moncada!...
    AZOFAIFA.
    (Resguardándolo con su cuerpo).
        ¡No!
        ¡Primero, Marqués, a mí!
    MENDO.
        ¡Azofaifa!
    AZOFAIFA.
        ¡Mendo amado! ¡Mira!
    MENDO.
        ¡Sangre! ¡Dios clemente!
    AZOFAIFA.
        A la que nubló tu frente
        con esta daga he matado.
    MENDO.
    (Como loco).
        ¡Magdalena!... ¡Nuño!... ¡Pero!...
        ¿Qué has hecho, maldita mora?
        ¿En quién me vengo yo ahora?
    AZOFAIFA.
        ¡Clava en mis carnes tu acero!...
        ¡Sacia tu venganza en mí,
        si no has de quererme ya!
        ¡Hiere, Mendo, por Alá!
    MENDO.
        ¡Qué por Alá: por aquí!
    (Le clava el puñal. Cae Azofaifa muerta).
    MONCADA.
        ¡Otra muerte! ¡Cielo santo!
    MENDO.
     (Riendo locamente).
        ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!...
    MONCADA.
        ¡La razón perdido ha!
    ALFONSO.
        ¡Qué espanto, Marqués, qué espanto!
    FROILÁN.
        Aquí, Velloso.
    FROILÁN.
        ¿Qué es aquesto?
    MONCADA.
        ¡Un panteón!
    ALFONSO.
    (Por Mendo).
        ¡Sujetadle!
    MENDO.
        ¡Fuera, ocioso!
        ¡Ved cómo muere un león
        cansado de hacer el oso!
    (Se clava el puñal).
    MANFREDO.
        ¡Qué puñalada!
    MONCADA.
        ¡Tremenda!
        ¡Infeliz, se está muriendo!
    MENDO.
    (Agonizando).
        Sabed que menda... es don Mendo
        y don Mendo... mató a menda.
    (Muere. Telón).
    Pedro Muñoz Seca, La venganza de don Mendo


    Diviértete en este vídeo con los Simpsons mientras amplías tus conocimientos sobre el teatro anterior a 1939.


    Puedes hacerte una idea de cómo sería la representación de una comedia burguesa con esta imagen:

    Imagen tomada de Masterlengua

    Y así sería la representación de una obra perteneciente al teatro poético (Doña María la Brava, de Eduardo Marquina, estrenada en 1909):

    Imagen tomada de Teatro.es

    Si te apetece, puedes ver estos tres vídeos, para que compruebes por ti mismo la grandísima diferencia existente entre el teatro que triunfa antes del 39 (del que ya has podido leer diferentes fragmentos) y los intentos de renovación protagonizados por Federico García Lorca en esas mismas fechas.

    Tráiler de la versión cinematográfica de La casa de Bernarda Alba, de Mario Camus

    Fragmento de Así que pasen cinco años, producción del Centro Dramático Nacional

    Fragmento de El público, producción del Centro Dramático Nacional

    Las dos imágenes siguientes son del estreno de El maleficio de la mariposa, primera obra de Lorca, en el Teatro Eslava de Madrid, el 22 de marzo de 1920:

    Imagen tomada de Pinterest

    Imagen tomada del Centro Federico García Lorca

    Y, para acabar, diferentes imágenes de La Barraca, el grupo de teatro universitario de carácter itinerante y orientación popular, fundado por Lorca en 1931 con ayuda del gobierno de la Segunda República.

    Federico García Lorca, fundador de La Barraca, junto a un cartel del grupo. Imagen tomada de Wikipedia

    Montaje de La vida es sueño, de Calderón de la Barca (1932). Imagen tomada de Wikipedia

    Componentes de La Barraca (1933)

    Descargando los camiones para preparar la representación de La guarda cuidadosa, de Miguel de Cervantes, en Almazán (Soria), 1932. Imagen tomada de Wikipedia

    Montando el escenario para la representación de La guarda cuidadosa, de Miguel de Cervantes, en Almazán (Soria), 1932. Imagen tomada de Wikipedia


    El camino, de Miguel Delibes




      1  
    Hijos, en realidad, todos tenemos un camino marcado en la vida. Debemos seguir siempre nuestro camino, sin renegar de él —decía don José—. Algunos pensaréis que eso es bien fácil, pero, en realidad, no es así. A veces el camino que nos señala el Señor es áspero y duro. En realidad, eso no quiere decir que ese no sea nuestro camino. Dios dijo: «Tomad la cruz y seguidme». […]
    Prosiguió diciendo cosas del camino de cada uno, y luego pasó a considerar la infelicidad que en ocasiones traía el apartarse del camino marcado por el Señor por ambición o sensualidad. Dijo cosas inextricables y confusas para Daniel. Algo así como que un mendigo podía ser más feliz sin saber cada día si tendría algo que llevarse a la boca, que un rico en un suntuoso palacio lleno de mármoles y criados. «Algunos —dijo— por ambición, pierden la parte de felicidad que dios les tenía asignada en un camino más sencillo. La felicidad —concluyó— no está, en realidad, en lo más alto, en lo más grande, en lo más apetitoso, en lo más excelso; está en acomodar nuestros pasos al camino que el Señor nos ha señalado en la Tierra. Aunque sea humilde».
    (Capítulo XVII)

      2  
    Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba...
    Su padre entendía que esto era progresar; Daniel, el Mochuelo, no lo sabía exactamente. El que él estudiase el Bachillerato en la ciudad podía ser, a la larga, efectivamente, un progreso. Ramón, el hijo del boticario, estudiaba ya para abogado en la ciudad, y cuando les visitaba, durante las vacaciones, venía empingorotado como un pavo real y les miraba a todos por encima del hombro; incluso al salir de misa los domingos y fiestas de guardar, se permitía corregir las palabras que don José, el cura, que era un gran santo, pronunciara desde el púlpito. Si esto era progresar, el marcharse a la ciudad a iniciar el Bachillerato, constituía, sin duda, la base de este progreso.
    Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado.
    (Capítulo I)

      3  
    Don José, el cura, que era un gran santo, le dio buenos consejos y le deseó los mayores éxitos. A la legua se advertía que don José tenía pena por perderle. Y Daniel, el Mochuelo, recordó su sermón del día de la Virgen. Don José, el cura, dijo entonces que cada cual tenía un camino marcado en la vida y que se podía renegar de ese camino por ambición y sensualidad y que un mendigo podía ser más rico que un millonario en su palacio, cargado de mármoles y criados.
    Al recordar esto, Daniel, el Mochuelo, pensó que él renegaba de su camino por la ambición de su padre.
    (Capítulo XXI)

      4  
    Él no tenía aún autonomía ni capacidad de decisión. El poder de decisión le llega al hombre cuando ya no le hace falta para nada; cuando ni un solo día puede dejar de guiar un carro o picar piedra si no quiere quedarse sin comer. ¿Para qué valía, entonces, la capacidad de decisión de un hombre, si puede saberse? La vida era el peor tirano conocido. Cuando la vida le agarra a uno, sobra todo poder de decisión. En cambio, él todavía estaba en condiciones de decidir, pero como solamente tenía once años, era su padre quien decidía por él. ¿Por qué, Señor, por qué el mundo se organizaba tan rematadamente mal?
    (Capítulo XXI)

      5  
    Su padre se distanció de él como de una cosa hecha, que ya no necesita de cuidados. Le daba desilusión a su padre verle valerse por sí, sin precisar de su patrocinio. Pero, además, el quesero se tornó taciturno y malhumorado. Hasta entonces, como decía su mujer, había sido como una perita en dulce. Y fue el cochino afán del ahorro lo que agrió su carácter. El ahorro, cuando se hace a costa de una necesidad insatisfecha, ocasiona en los hombres acritud y encono. Así le sucedió al quesero. Cualquier gasto menudo o el menor desembolso superfluo le producían un disgusto exagerado. Quería ahorrar, tenía que ahorrar por encima de todo, para que Daniel, el Mochuelo, se hiciera un hombre en la ciudad, para que progresase y no fuera como él, un pobre quesero.
    Lo peor es que de esto nadie sacaba provecho. Daniel, el Mochuelo, jamás lo comprendería. Su padre sufriendo, su madre sufriendo y él sufriendo, cuando el quitarle el sufrimiento a él significaría el fin del sufrimiento de todos los demás. Pero esto hubiera sido truncar el camino, resignarse a que Daniel, el Mochuelo, desertase de progresar. Y esto no lo haría el quesero; Daniel progresaría aunque fuese a costa del sacrificio de toda la familia, empezando por él mismo.
    (Capítulo IV)

      6  
    Y el Moñigo tampoco era cualquier cosa, aunque contase dos años más que él y aún no hubiera empezado el Bachillerato. Ni lo empezaría nunca, tampoco. Paco, el herrero, no aspiraba a que su hijo progresase; se conformaba con que fuera herrero como él y tuviese suficiente habilidad para someter el hierro a su capricho. ¡Ese sí que era un oficio bonito! Y para ser herrero no hacía falta estudiar catorce años, ni trece, ni doce, ni diez, ni nueve, ni ninguno. Y se podía ser un hombre membrudo y gigantesco, como lo era el padre del Moñigo.
    Daniel, el Mochuelo, no se cansaba nunca de ver a Paco, el herrero, dominando el hierro en la fragua. Le embelesaban aquellos antebrazos gruesos como troncos de árboles, cubiertos de un vello espeso y rojizo, erizados de músculos y de nervios. Seguramente Paco, el herrero, levantaría la cómoda de su habitación con uno solo de sus imponentes brazos y sin resentirse. Y de su tórax, ¿qué? Con frecuencia el herrero trabajaba en camiseta y su pecho hercúleo subía y bajaba, al respirar, como si fuera el de un elefante herido. Esto era un hombre. Y no Ramón, el hijo del boticario, emperejilado y tieso y pálido como una muchacha mórbida y presumida. Si esto era progreso, él, decididamente, no quería progresar. Por su parte, se conformaba con tener una pareja de vacas, una pequeña quesería y el insignificante huerto de la trasera de su casa. No pedía más. Los días laborables fabricaría quesos, como su padre, y los domingos se entretendría con la escopeta, o se iría al río a pescar truchas o a echar una partida al corro de bolos.
    (Capítulo I)

      7  
    Entonces se dio cuenta Daniel, el Mochuelo, de que no había pegado un ojo en toda la noche. De que la pequeña y próxima historia del valle se reconstruía en su mente con un sorprendente lujo de pormenores. Lanzó su mirada a través de la ventana y la posó en la bravía y aguda cresta del Pico Rando. Sintió entonces que la vitalidad del valle le penetraba desordenada e íntegra y que él entregaba la suya al valle en un vehemente deseo de fusión, de compenetración íntima y total. Se daban uno al otro en un enfervorizado anhelo de mutua protección, y Daniel, el Mochuelo, comprendía que dos cosas no deben separarse nunca cuando han logrado hacerse la una al modo y medida de la otra.
    (Capítulo XXI)

      8  
    Las calles, la plaza y los edificios no hacían un pueblo, ni tan siquiera le daban fisonomía. A un pueblo lo hacían sus hombres y su historia.
    (Capítulo III)

      9  
    A Daniel, el Mochuelo, le pareció que le faltaba aire y respiró con ansia dos o tres veces. Presintió la escena de la partida y pensó que no sabría contener las lágrimas, por más que su amigo Roque, el Moñigo, le dijese que un hombre bien hombre no debe llorar aunque se le muera el padre.
    (Capítulo I)

      10  
    Y se retiró de la ventana violentamente, porque sabía que iba a llorar y no quería que la Uca-uca le viese. Y cuando empezó a vestirse le invadió una sensación muy vívida y clara de que tomaba un camino distinto del que el Señor le había marcado. Y lloró, al fin.
    (Capítulo XXI)

      11  
    Daniel, el Mochuelo, siempre salía en defensa de Roque, el Moñigo. La gente del pueblo no le comprendía o no quería comprenderle. Que Roque supiera mucho de «eso» no significaba que fuera un golfo y un zascandil. El que fuese fuerte como un toro y como su padre, el herrero, no quería decir que fuera un malvado. El que su padre, el herrero, tuviese siempre junto a la fragua una bota de vino y la levantase de cuando en cuando no equivalía a ser un borracho empedernido, ni podía afirmarse, en buena ley, que Roque, el Moñigo, fuese un golfante como su padre, porque ya se sabía que de tal palo tal astilla. Todo esto constituía una sarta de infamias, y Daniel, el Mochuelo, lo sabía de sobra porque conocía como nadie al Moñigo y a su padre.
    (Capítulo II)

      12  
    Algunos ejemplos del vocabulario rural: cambera, entremijo, acitara, bardales, ráspanos, varga, boruga, majuelas, encellas, obradas, boñigas, jaramugo...